La opción árabe para Netanyahu Imprimir E-Mail
 
Zvi Harel

El Primer Ministro Biniamin Netanyhau  logró, ayer, una victoria diplomática: la Liga Árabe autorizó al Presidente palestino, Mahmmud Abbas, a iniciar negociaciones directas con Israel. Requerirá otro esfuerzo alcanzar acuerdo sobre el marco, los desafíos y las condiciones  pero, el reiterado llamado de Netanyahu a conversaciones directas, obstaculizados por la negativa palestina, se acerca a su materialización. El punto de encuentro  fue la visita de Netanyahu a la Casa Blanca el 6 de julio cuando el Presidente de Estados Unidos, Barak Obama, anunció su apoyo a las conversaciones directas. La declaración de Obama puso fin a las "conversaciones de proximidad" indirectas, que no lograron nada y despertó una campaña de presiones hacia Abbas  que volvió de su oposición contra el Primer Ministro de Israel.
Netanyhau visitó desde entonces El Cairo y Aman y la decisión de la Liga Árabe de ayer da cuenta que, ambos líderes,  decidieron dar una chance.

Netanyahu embandera el principio de "Si da, recibe", en la vida política y surge la pregunta que le dio a Obama a cambio de las conversaciones directas. Los detalles de la entrevista  en la Casa Blanca no trascendieron  pero, parece, que Netanyahu estaría dispuesto a prolongar el congelamiento de los asentamientos; quizás por fuera de los grandes cuerpos, donde se reanudará la construcción y transferir otros territorios a Cisjordania a la responsabilidad palestina civil.
La renovación de las conversaciones ofrecerá a Netanyahu pretexto a la continuidad del congelamiento, frente a la creciente presión a favor de la ampliación masiva de los asentamientos a lo largo de Cisjordania.

Aluf Benn
DIALOGAR CON ESTADOS UNIDOS POR SOBRE ABBAS Y BIBI
La Liga Árabe dijo ayer” Sí” a todo;  sí a la reanudación de las conversaciones directas;  sí a las precondiciones de Mahmmud Abbas y sí a las presiones norteamericanas. Sin embargo, de tanto “si”, casi se oculta el “No”. Las exigencias de congelamiento de la construcción de asentamientos y la necesidad de reconocer los límites del 67 como fronteras del estado palestino, quedaron ante sus ojos.

 
Ese fue el objetivo de los Ministros de Exteriores árabes: presentar una posición árabe positiva, responder a la presión norteamericana y dirigir el dedo acusador a la negativa de Netanyahu, pero sin desgastar las posiciones principales. Desde el punto de vista de la Liga, fue importante destacar en los oídos norteamericanos (e israelíes) que cuando se reanuden las negociaciones, serán las finales y no otra ronda inútil.
Así, la Liga insinúa que, el fracaso de las negociaciones, puede derivar el debate hacia la mesa de Naciones Unidas y, desde allí, a la declaración sobre un estado palestino independiente, en los límites del 67. En contraposición, la Liga no determina otra agenda de tiempos exacta  ni para el comienzo de las pláticas  directas ni para su fin; en oposición a la decisión aprobada en marzo cuando limitó las conversaciones indirectas a cuatro meses.
Se trata, quizás, del gesto más importante que hace la Liga Árabe a Washington. Es un mensaje a la presión norteamericana que aspira a alcanzar conversaciones directas hasta el 26 de septiembre y no quiere retornar a los errores de la agenda de tiempos de la Hoja de Rutas.
El término "Sí" está cargado de condiciones: transfiere la pelota al campo de Mahmmud Abbas y libera, a la Liga, de ocuparse del proceso de paz. Pero, de hecho, se generó ayer un eje que abarca a Abbas y  Netanyahu, un eje directo entre la Liga Árabe, como principal supervisora y el gobierno de Washington. Son  sus responsables  Hosni Mubarak y el Rey Abdullah de Arabia Saudita que presionaron y obtuvieron, del Presidente Obama, el compromiso para Abbas. A partir de ello, Egipto pudo apoyar las conversaciones directas a pesar que una semana antes, después del encuentro con Netanyahu, Mubarak anunció que, todavía, las condiciones no estaban maduras.

 
Los dichos de la Liga Árabe no se vinculan solo al conflicto árabe-israelí. Son parte del diálogo que mantiene el gobierno con líderes árabes en otros temas, vinculados a  Medio Oriente. Así, por ejemplo, el gobierno apoya la visita histórica que realiza hoy el Rey de Arabia Saudita a Beirut  junto al Presidente sirio, Bashar Asad, dado que  - en la manifestación de intervención pública por parte de Arabia Saudita-  en Líbano, hay más de una señal de que Riyadh decidió no dejar a Irán convertirse en la única dueña de casa.
Arabia Saudita intenta llevar a la conciliación entre Siria y Egipto luego de un conflicto de cuatro años que comenzó en la Segunda Guerra del Líbano. Así se propone frenar el nuevo eje;  en el que son aliados Turquía, Irán y Siria. Esa política se asienta y, por supuesto, se coordina con Washington que requiere de la ayuda saudita en Irak en vísperas de la retirada, que comenzará en agosto. Todo crea un motor saudita-egipcio de gran poder para la Casa Blanca, que debe cristalizar  los compromisos hacia los líderes árabes que "brindaron" luz verde a las conversaciones directas.






 
 
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