Liderazgo religioso bajo la cobertura de un gobierno democrático. Irán se aproxima a las elecciones en un contexto de aislamiento político y de una profunda crisis económica.
En una encuesta realizada luego de la revolución islámica de 1979, los iraníes aprobaron, por mayoría de votos, el establecimiento de la misma, cambiar la monarquía, con el apoyo de Estados Unidos. Más tarde el mismo año, el pueblo apoyó la nueva constitución para el sistema político que articula algunas señales de gobierno democrático con una conducción religiosa no elegida por la población.
El Presidente electo se encuentra ligado absolutamente al supremo líder religioso. El parlamento elegido se encuentra ligado al Consejo de 12 hombres de fe y jueces islámicos, con la fuerza de rechazar cualquier regla no islámica y anteponer el veto frente a candidatos al Parlamento o a la Presidencia, que consideran no aptos para el cargo. El resultado es una democracia islámica cuyos oponentes denominan "cierre de ojos".
Teóricamente, la autoridad del presidente es secundaria a la del líder religioso supremo, cargo ocupado por el Ayatollah Ali Khameni, desde 1989. De hecho, su libertad de acción se limita a un espectro gobernado por religiosos extremistas. Esos cuerpos, en los que se incluye el Consejo, apoyaron al presidente Ahmadinejad desde que fuera elegido en el año 2005.
El Presidente iraní es responsable de la política económica junto a los ministros del gabinete, responsable de la dirección fluída de los asuntos del país. El Presidente preside el Supremo Consejo de Seguridad Nacional, que coordina la política de defensa y seguridad. Puede firmar acuerdos con gobiernos extranjeros y autorizar designaciones diplomáticas. Los temas más relevantes, pertenecen a la órbita del supremo líder religioso.
A su vez, el líder religioso, designado por una Asamblea de destacados hombres de fe elegidos por el pueblo, detenta la última palabra en temas como la política nuclear y las relaciones exteriores y en especial, toda resolución referida a las relaciones con Estados Unidos. Determina las líneas generales de la política exterior e interior y controla directamente al ejército y las agencias de información. El líder religioso designa al Máximo Juez y otros cargos de relevancia. Representantes del líder, designados por él, funcionan en las diferentes instituciones y distritos a lo largo del país.
Los cuatro candidatos, garantizaron que no habría cambios significativos en la política nuclear iraní y dijeron que esos temas serán determinados por el líder religioso. Al mismo tiempo, destacaron el cambio moderado en sus posiciones. Los candidatos reformistas, Mirhosein Musavi y el ex jefe del Parlamento, Mehdi Karubi, acusaron a Ahmadinejad del aislamiento de Irán por la negación de la Shoa y los discursos contra Occidente. Pero ningún candidato se refirió a los temores de occidente frente al programa nuclear.
Antes de las elecciones de 2005, cada candidato expresó su apertura a la idea de renovación de vínculos con Estados Unidos. Una decisión de ese tipo reduciría el gran apoyo por parte del pueblo iraní, agotado del conflicto continuo desde casi tres décadas. Casi todos los candidatos exigieron un "cambio significativo" en la política de Estados Unidos hacia Irán. Ese cambio puede incluir el retiro de Irán de la lista de terror norteamericana o la concesión de miles de millones de dólares de bienes iraníes en Estados Unidos.
Los candidatos propusieron un número de ideas para el mejoramiento de la economía iraní, dueña de reservas de petróleo y gas, de las más grandes del mundo. Según los críticos, el gobierno no ahorró lo suficiente en tiempos en que el precio del petróleo trepó de 40 dólares el barril en febrero, a un récord de 147 dólares por barril, en julio. Muchos iraníes se lamentan por la alta inflación, que llegó a 30% el año pasado y hoy, se ubica en 12,5%.
Karubi dijo que repartiría los ingresos de la exportación de petróleo entre los ciudadanos por encima de 18 años. También apoya las privatizaciones.
Musavi prefiere la liberalización de la economía frente a la intervención estatal. La política económica de Ahmadinejad soporta una fuerte crítica. Prometió reducir la pobreza y la dependencia de la exportación del petróleo y se apoya en la voz de la oposición pobre de la nación, compuesta por 70 millones de personas.
Todos los candidatos garantizan no atacar la libertad de expresión y mejorar la condición de la mujer, incluída la incorporación de mujeres en el gobierno y en el proceso de toma de decisiones. Karubi y Musavi se oponen a la voluntad de Ahmadinejad de fijar un estilo de vestimenta y a la conducta social de acuerdo a la ley islámica. Zahra Rahnavard, esposa de Musavi, se alistó para ayudar a su marido a captar los votos de las mujeres.